09 mayo 2015

¿Qué me da EQUO que no me dan los demás?

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Parece que, últimamente, está de moda cambiarse de partido, optar por otras alternativas en las que explorar la posición que uno tiene, ya sea por búsqueda ideológica, por querer cambiar el mundo de forma más rápida, de formar parte de un grupo más amplio en el que sentirse acogida, por buscar una salida profesional,... y voy a contar el porqué este no es mi caso.

Lo primero que tiene que quedar claro es que en ningún momento deseo faltar al respeto a  nadie ni a ninguna organización, todas se merecen mi respeto.

A pesar de lo que se pueda pensar, nunca fui medioambientalista, no he estudiado biología ni los fines de semana me los he pasado caminando por la montaña, no abrazo árboles, no tengo animales domésticos, no fumo marihuana ni soy vegano. Así que ¿por qué milito en EQUO y no en otra organización? ¿por qué no he aprovechado el auge de otras organizaciones para intentar cambiar el mundo? Todo se remonta al año 2005. Entonces cayó en mis manos un documento llamado “la carta de los verdes mundiales” firmada en Camberra en el año 2001.

Quizás fue casualidad (aunque poco creo en ellas) pero en aquel momento de mi vida buscaba y lo encontré, en forma de carta, firmada por unas personas por las que yo también tenía mis prejuicios. Hablaba, ya por entonces, de justicia social, equidad, mediambiente, participación ciudadana, soberanía, no violencia,... muchas de ellas jamás las había escuchado, pero quizás fue otra cosa la que me llamó la atención, el último punto de la carta, que dice: Nos apoyaremos unos a otros personal y políticamente con amistad, optimismo y buen humor, sin olvidarnos nosotros mismos de disfrutar en el proceso. 

¡Nunca había escuchado nada tan bonito proveniente de la política! y, después de diez años, jamás lo he vuelto a oír en ninguna otra organización, ni siquiera ahora que hay tanta diversidad.

EQUO, los verdes para que nos entendamos, tiene sentido porque tiene en cuenta a la gente, porque las ve en su conjunto, porque ve las relaciones entre ellas y con la naturaleza. EQUO ha cumplido cuatro años y nuestro crecimiento como organización ha sido lento comparado con la vertiginosa aparición de otras. Este crecimiento lento nos ha aportado una cosa muy valiosa y escasísima en política, humildad.

Ahora les lanzo una pregunta ¿prefieren ustedes un tomate grande, hermoso, perfecto pero que ha crecido a un ritmo no natural e insípido?, ¿o uno de esos feos, pequeños, deformes y que se ha pegado en la mata días y días pero que su sabor le hace casi hasta llorar? Con esto espero haber dado respuesta al título de mi artículo.